Colesterol bueno y colesterol malo, ¿o hay algo más?

Cuando hablamos de salud cardiovascular lo primero que se nos viene a la cabeza son las grasas en sangre, en concreto el famoso colesterol. Es importante destacar que cuando hablamos de salud cardiovascular esta no depende únicamente del colesterol, no obstante, sí que presenta un papel importante en la salud de la misma.

El colesterol es una molécula con múltiples funciones en el organismo como la síntesis de hormonas, la formación de estructuras como membranas celulares o la producción de vitamina D y ácidos biliares, entre otras. Los humanos no solo somos capaces de adquirir esta molécula a partir de la ingesta de alimentos de origen animal, sino que además somos capaces de sintetizar por nuestra propia cuenta esta molécula.

Para poder llegar a su destino y realizar sus funciones en el organismo, el colesterol es transportado en diferentes partículas como los quilomicrones, los VLDL, los IDL, los LDL (conocidos como colesterol malo) y los HDL (conocidos como colesterol bueno). Quien más quien menos ha oído hablar sobre los dos últimos sabiendo que el bueno tiene que estar alto y el malo tiene que estar bajo, pero la pregunta es, ¿de verdad son tan buenos y tan malos?

El colesterol HDL (el bueno) es conocido por su efecto protector frente a la enfermedad coronaria arterial desde hace muchos años. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que este efecto protector no es tan claro debido a los subtipos de esta molécula y a la situación fisiológica de los individuos, es decir, no actúa igual en un adulto sano comparado con otro con enfermedades cómo por ejemplo una enfermedad coronaria arterial ya presente o una enfermedad renal crónica en las cuales sus niveles elevados puede complicar su situación.

El colesterol LDL (el malo) es conocido por su efecto promotor en la formación de las placas de ateroma incrementando el riesgo de aterosclerosis y sus complicaciones derivadas. Este efecto está más que estudiado y verificado en personas con niveles excesivos de este tipo de colesterol. Por otro lado, en niveles de normalidad, este tipo de colesterol es el encargado de transportar entre el 60-70% del colesterol que podemos encontrar en sangre, permitiendo que llegue a su destino y cumpla su función.

Por tanto, queda claro que ni el bueno es tan bueno, ni el malo acaba de ser tan malo. Sin embargo, pensar únicamente en estos dos tipos de colesterol como marcadores de salud cardiovascular es un error. Si volvemos a leer el segundo párrafo de este artículo recordaremos que he mencionado otros tipos de partículas transportadoras de este colesterol las cuales, cuando se estudian agrupadas, se las conoce como colesterol remanente.

El colesterol remanente está formado por el colesterol contenido en las partículas de los VLDL, de los IDL y de los quilomicrones. Este tipo de colesterol está empezando a ganar muchísima importancia a nivel clínico por las consecuencias que puede conllevar sus niveles elevados. Diversos estudios señalan que sus niveles elevados pueden aumentar significativamente el riesgo a sufrir enfermedades coronarias isquémicas, infarto de miocardio e incrementar el riesgo de mortalidad por cualquier causa en personas con obesidad. ¡Además, este colesterol puede estar asociado a accidentes cardiovasculares incluso con niveles bajos de colesterol LDL!

Unos investigadores situados en Copenhagen (Varbo A. [et. al.]) decidieron estudiar en 106.216 personas los niveles que presentaban de colesterol remanente y su relación con el riesgo de infarto de miocardio en personas no solo con obesidad, sino también en sobrepesos y normopesos, demostrando que este marcador incrementa el riesgo de infarto de miocardio independientemente del peso de las personas, es más, el peso solo mostraba un 12% en la variabilidad de este parámetro, indicando que este parámetro no sería la única variable a controlar.

Por tanto, queda claro que el colesterol bueno y el malo no son los únicos que tienen su papel en el riesgo cardiovascular y que tendremos que vigilar los niveles de todos ellos para tener un buen control de nuestra salud cardiovascular. ¿Qué estrategias podemos llevar a cabo para controlar correctamente los niveles de todos los tipos de colesterol que hay?

1. Conociéndonos mejor: el estudio de nuestro organismo de forma integral a partir de un estudio genético e integrando información de marcadores obtenidos con una analítica nos permite conocer por dónde empezar a abordar alteraciones de este tipo.

2. Controlando nuestra alimentación: cómo bien hemos mencionado anteriormente, parte de la entrada de colesterol se da por vía alimentaria. No obstante, las oscilaciones en los niveles de este no dependen tanto de la cantidad de colesterol de los alimentos sino de su composición de grasas.

3. Realizando ejercicio físico: el ejercicio es uno de los factores clave para aumentar los niveles de colesterol HDL.

4. Usando fitoesteroles: esta estrategia solo nos servirá únicamente si la causa del exceso de colesterol viene por una ingesta abusiva a nivel alimentario. Estas moléculas se encargan de reducir la absorción del colesterol proveniente de los alimentos. Para establecer si esa es la causa se recomienda acudir a un profesional sanitario.

5. Aumentando nuestra ingesta de omega-3: gracias a la función que ejerce esta grasa sobre la expresión de determinadas proteínas que componen el colesterol HDL es capaz de aumentar sus niveles.

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