Bienestar emocional

En ocasiones, cuando hablamos de salud, nos remitimos únicamente a evaluar nuestra salud física, sin tener en cuenta que el concepto es mucho más amplio y abarca varios aspectos de nuestra vida, incluyendo el bienestar emocional. Hablar de bienestar emocional es hablar de nuestra capacidad para regular emociones, estar descansados, serenos y activos para sentirnos bien. Y no siempre es fácil de conseguir.

Conseguir bienestar emocional depende de múltiples factores

Podemos identificar, sin mucho esfuerzo multitud de factores que afectan a cómo nos sentimos en un día cualquiera: no tener tiempo para hacer eso que tanto te apetece, no llevarte del todo bien con tus compañeros de trabajo, o con tus hijos, llevar tiempo sin emprender proyectos ilusionantes o no poder dormir lo suficiente son cuestiones que van minando nuestra salud. Es importante poder identificarlas y relacionarlas con las emociones que nos producen para poder actuar en consecuencia. Porque todos estos factores dependen de cómo te comportas, cómo actúas, de cuáles son las decisiones que tomas en cada momento. Y, en buena medida, todo esto está controlado por nuestra propia química interna, nuestra genética y nuestros marcadores moleculares.

La importancia de un buen descanso

Una de las principales cuestiones que nos llevan a lograr un bienestar emocional es dormir adecuadamente. Nadie tiene un buen día si la noche anterior no ha pegado ojo. Nos afecta a nuestro humor, a nuestro rendimiento y hasta a nuestro apetito. Si no duermes, comes más y además sientes preferencia por alimentos muy palatables, de esos llenos de azúcar y grasas. Es decir, si no has dormido bien sientes una tentación mucho más intensa de comerte un bollo de chocolate que si has descansado adecuadamente.

Bienestar emocional

Pero ¿qué es dormir adecuadamente? ¿y cómo se consigue? Hay trucos para ello, como practicar deporte, meditación, cenar ligero o apagar las pantallas horas antes de irnos a la cama. Pero también es verdad que cada uno de nosotros tiene una cronología propia, es decir, unos ciclos a lo largo del día de sueño-vigilia mediados por nuestro reloj interno, la llamada glándula pineal, situada en el cerebro. Y este reloj está controlado por genes que son distintos entre nosotros. Para algunos, este reloj tiene mucha inercia, y siempre les da sueño a la misma hora. De hecho, tienen fuertes jet-lag y se despiertan a las siete de la mañana, aunque hayan trasnochado, lo cual, si se repite continuamente, puede tener consecuencias para su salud. Otros, en cambio, pueden dormir sin problema hasta bien entrada la mañana, pero presentan muchos problemas para conciliar el sueño. Conociendo tu tipo de cronobiología podrás actuar de la mejor manera para regular tu sueño.

El control emocional

Del mismo modo, algunos de nosotros gestionamos las emociones peor que otros. Hay personas que, de manera natural, son una balsa de aceite, capaces de canalizar el estrés sin terminar explotando. Para otras requiere mucho esfuerzo conseguirlo. Esta gestión del estrés depende de nuestras experiencias previas, de nuestros hábitos, y de nuestra educación pero también de nuestra genética. Y si la conocemos, podemos actuar. 

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¿Sabes que hay personas a las que la cafeína les produce picos de ansiedad? Si sabes que tú eres una de ellas, puedes evitarla especialmente en esos días más estresantes.

Además, si no sabemos cómo controlar nuestras emociones también este hecho
puede afectar a nuestra alimentación y, por tanto, a nuestra salud y a nuestro peso. Hay personas más propensas que otras a apoyarse en la comida para compensar emociones negativas como la frustración o el aburrimiento.

Tu plan para disfrutar de un fuerte bienestar emocional es único

Con todo esto, podemos concluir sin miedo a errar que nuestra salud depende también de nuestras emociones. Conociéndote mejor a nivel genético y molecular, podrás adecuar tus actividades para disfrutar de un mejor bienestar emocional

Desde tratar de mantener horarios fijos para dormir y así tener un sueño más reparador, a evitar la cafeína, practicar deporte, ejercicios de relajación, o no comprar alimentos ricos en azúcares y grasas que puedan estar disponibles esos días difíciles, son acciones que pueden ayudarte a sentirte mejor. Recuerda que vida sólo tenemos una. Para vivir la tuya de la mejor manera posible, apóyate en tus instrucciones genéticas y moleculares.

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