La energía que gastamos cuando no hacemos nada ¿cómo nos condiciona?

Seguramente todos nos hemos preguntado alguna vez cuánta energía necesita nuestro organismo para que todo funcione correctamente. La gran máquina que llamamos “nuestro organismo” funciona bien cuando conseguimos que la gran mayoría de sus necesidades estén cubiertas y da la casualidad que la energía es una de las necesidades más importantes que existen para que funcione correctamente.

Nuestras necesidades energéticas se estudian bajo el nombre Gasto Energético Total (GET), el cual condiciona fuertemente el balance energético, factor que nos repercute en procesos cómo la ganancia o la pérdida de peso. El GET es muy variable inter individualmente. Esto se debe al gran número de variables que afectan a este gasto energético, factores cómo el ejercicio físico, la temperatura, la duración del sueño, aumentos de requerimientos (crecimiento, embarazo, lactancia…) y el gasto energético basal (GEB). Todos ellos son más o menos importantes y nos suenan, pero el GEB por si solo representa entre el 60-70% del GET.

Es por ello que me voy a centrar en él, ¿qué es el GEB? El gasto energético basal es definido cómo la energía necesaria para realizar las funciones vitales mientras nos encontramos en una situación de descanso o reposo. Existen muchos determinantes que pueden condicionar este gasto energético en reposo cómo el ayuno, la ingesta de alcohol, el uso de nicotina, la ingestión de cafeína, el ejercicio físico vigoroso de resistencia, condiciones ambientales, dispositivos de recolección, número de mediciones en 24h, variación en la repetición y el cociente respiratorio son algunos de ellos.

Hoy en día disponemos de una serie de técnicas muy variadas las cuales son utilizadas para realizar una estimación más o menos exacta de este gasto energético basal:

  • Ecuaciones predictivas: consisten en cálculos los cuales nos puede dar una estimación aproximada de nuestro gasto energético en reposo. La ecuación de Harris-Bennedict es la técnica más utilizada a nivel de la práctica clínica, aunque existen muchas más. Esta fórmula es una de las cuales viene integrada en las básculas inteligentes de hoy en día (impedancias bioeléctricas).
  • Calorimetría directa: es una técnica poco utilizada en la cual se utilizan salas herméticas con paredes aislantes donde se realiza la medición del calor desprendido. El más conocido es la cámara de Atwater, pero por su complejidad solo se utilizan en investigación.
  • Calorimetría indirecta: en este tipo de técnicas se busca la medición de moléculas residuales de nuestro metabolismo (cantidad de CO2 liberado y agua) y el consumo de oxígeno. Sin embargo, esta técnica solo mide los residuos de la metabolización de los hidratos de carbono y de las grasas, y no de las proteínas, faltando una fracción energética importante sin determinar. Este último sería necesario realizar una medición de nitrógeno en la orina que habría que sumar a los resultados de esta técnica.

Todas estas estimaciones del gasto energético basal junto a otras variables que afectan al mismo, nos permite a los profesionales poder adaptar el estilo de vida de cada persona para cubrir perfectamente las necesidades de cada persona en relación a su objetivo cómo podría ser un incremento o una pérdida de peso.

Aún así para mejorar este GEB los profesionales tenemos otros “ases en la manga”. Existen determinados alimentos capaces de estimular ligeramente este GEB gracias a la presencia de determinados nutrientes en su composición. El picante (en concreto el compuesto que da esa sensación, la capsaicina y los capsinoides) son una de las sustancias con mayor evidencia científica las cuales han demostrado aumentar este gasto energético de forma significativa en comparación al placebo. Esto es debido a que una de sus dianas es la activación de vías metabólicas relacionadas con la termogénesis (producción de calor) tanto en proteínas cómo la UCP1 y genes relacionados con las vías TRP-SNS-UCP1.

Otro alimento con buena base científica capaz de aumentar nuestro gasto energético en reposo es el té verde. Esto se debe a su contenido de catequinas, unas moléculas capaces de regular este gasto energético. Existen sospechas de su mecanismo de acción pero aún no está claro al 100%.

Cabe destacar que estos alimentos no tienen un efecto abismal, pero sí que presentan un efecto que junto al ejercicio una buena alimentación pueden ayudar en gran medida a la gestión del peso. Además, viendo todos los factores individuales que lo condicionan junto a que determinados genes se ven involucrados en estas vías, es necesario un estudio individualizado para poder determinar qué estrategias son las más adecuadas para cada caso.

Referencias:

 
  • Pettersen AK, Marshall DJ, White CR. Understanding variation in metabolic rate. J Exp Biol. 2018 Jan 11;221(Pt 1):jeb166876. doi: 10.1242/jeb.166876.
  • Palmer BF, Clegg DJ. Strategies to Counter Weight Loss-Induced Reductions in Metabolic Rate. Curr Sports Med Rep. 2019 Jul;18(7):258-265. doi: 10.1249/JSR.0000000000000610.
  • Franklin BA, Brinks J, Berra K, Lavie CJ, Gordon NF, Sperling LS. Using Metabolic Equivalents in Clinical Practice. Am J Cardiol. 2018 Feb 1;121(3):382-387. doi: 10.1016/j.amjcard.2017.10.033.
  • Irandoost P, Lotfi Yagin N, Namazi N, Keshtkar A, Farsi F, Mesri Alamdari N, Vafa M. The effect of Capsaicinoids or Capsinoids in red pepper on thermogenesis in healthy adults: A systematic review and meta-analysis. Phytother Res. 2021 Mar;35(3):1358-1377. doi: 10.1002/ptr.6897.
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  • Blasco Redondo R. Resting energy expenditure; assessment methods and applications. Nutr Hosp. 2015 Feb 26;31 Suppl 3:245-54. doi: 10.3305/nh.2015.31.sup3.8772.

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